EL MURO DE LA INFAMIA

Una experiencia personal :

Sábado 10 de Diciembre de 2010

Hoy es un día estupendo, pues libro y me puedo levantar algo más tarde de lo acostumbrado, sobre las 08.00 horas de la mañana. Pedro, mi pareja, duerme a mi lado, como todos los días desde aquel Diciembre de 1992 en que nos conocimos en COGAM. Acaricio su cabeza rubia, le doy un besito, y una vez duchado, me asomo a la terraza, para ver el día que hace, y me encuentro un día espléndido: un sol esplendoroso, un cielo absolutamente azul. Es uno de esos días típicos de la Primavera madrileña. El cielo de Madrid es de un color azul muy especial, que ha sido loado por multitud de pintores de todas las épocas, y sigue siendo así, a pesar del crecimiento de la ciudad, de la polución atmosférica…Después de un invierno que ha sido larguísimo, duro, inclemente, con nieves, fríos, lluvias, desbordamientos de ríos, uno de los peores en décadas en Madrid, que parecía que no iba a acabar jamás, la Primavera ha llegado con toda su fuerza.

El día invita a salir a la calle, y eso hago, tal y como tenía previsto. . Pero hoy es un día especial, y estoy algo nervioso. Salgo a la calle, con una mochilita donde, dentro, he guardado mi Bandera Tricolor, un boli y un bloc de notas, por si fuera necesario apuntar alguna cosa. Porque hoy es el Día del Homenaje a las Víctimas del Franquismo, de quienes fueron fusilados, al finalizar la Guerra Civil, en las tapias del Cementerio del Este, o de La Almudena como lo rebautizaron los franquistas, y yo siento que debo ir allí ese día.

 Voy solo, pero no me siento solo: mi tío Carlos (uno de esos fusilados), siento que va a mi lado, acompañándome en el Metro, en el Autobús… Mi tío Carlos, para mí, hasta hace pocas semanas, era un absoluto desconocido. Ni siquiera sabía que yo había tenido un tío con ese nombre. Pero, al recopilar la Historia Familiar, descubro a mi tía Pilar (hermana de mi padre) y a mi tío Carlos (su marido), y descubro los trágicos motivos que llevaron a que mi padre no me hablara nunca de ninguno de los dos: tan dolorosa fue la pérdida que, hablar de uno era hablar de la otra, y fueron ambos unos hechos tan trágicos y dolorosos para la familia, que creo que la herida nunca se cerró; y que como ambas muertes tienen TODO que ver con la Represión Franquista acabada la Guerra, para evitarnos problemas legales y discriminaciones, a sus hijos mis padres nos mantuvieron en la ignorancia de ellos. Porque mi padre fue uno de esos jovencitos que lucharon en Madrid en Defensa de la República y que, acabada la Guerra, tuvo que pasar con frecuencia regular (no recuerdo si cada quince días, o cada semana), por la Comisaría de Policía más cercana para que el Régimen le pudiera tener controlado, y teniendo que motivar siempre sus desplazamientos por España si se tenía que desplazar por motivos de trabajo. Pero ahora, estudiando e investigando, he descubierto a ambos, las circunstancias de sus muertes y, como demócrata y socialista, me siento orgulloso de ellos. Pero bueno, sigamos que me enrollo.

 Llego al Cementerio del Este, me bajo del bus y, en un puesto que se está montando en ese instante, pregunto por el Muro de los Fusilados por el Franquismo y las mujeres que lo están montando, muy amablemente, me lo indican. Sigo sus indicaciones y, en un par de minutos, allí estoy. Veo a los organizadores terminando de montar el acto, y que ya se han puesto las listas de los fusilados en ese muro (3000 personas, 3000 víctimas, 3000 héroes de la Libertad) y muchas fotos de los allí asesinados por las Hordas Falangistas. En esas listas, veo el nombre de mi tío Carlos. Vicente-Carlos Castejón Martínez, nacido en Arganda del Rey el 1 de Enero de 1914, y fusilado en ese Muro, junto con otr@s 17 personas más, el 5 de Septiembre de 1939, a los 25 años recién cumplidos. Su delito: vivir en Madrid hasta el final de la guerra, y ejercer su profesión de Practicante en las checas de Madrid. Pero su delito mayor era el de no haber sido un espía franquista ni un infiltrado, aunque él no tuviera adscripción política conocida, pero que sí fuese un demócrata, y no un fascista. Una persona fiel a la Legalidad y Legitimidad Democrática de la República, y no un traidor, un cobarde ni un intolerante. De pronto, esa presencia leve e intangible de mi tío Carlos se empieza a fortalecer, y me imagino a ese joven que era mi tío, en ése Muro de la Infamia, enfrente de sus asesinos, dando su vida, simplemente, por pensar que todos los seres humanos son iguales en deberes y en derechos, y en querer un futuro en Libertad para ellos y para sus descendientes. Y me emociono, claro que me emociono.

Comienza el acto, saco mi Bandera Republicana, y me la pongo sobre mis hombros. Según va transcurriendo el acto, esa Bandera empieza a pesar, y noto que, de alguna manera, ese peso es el mismo que el que tiene un brazo puesto sobre tu hombro, como cuando eres pequeño y tus mayores te ponen el brazo sobre el hombro para darte protección. Progresivamente, esa sensación se va fortaleciendo y, en un momento dado, cierro los ojos y veo a esos 18 Héroes de la Libertad y, entre ellos, entreveo a mi tío Carlos, que me saluda con su brazo derecho y con una sonrisa en la cara.

 En mi mente, oigo estas palabras: “Sobrino, gracias. Gracias por venir y acordarte de mí.” A pesar de haber mucha gente, y yo estar en primera fila, durante un buen rato hubo a mi derecha un espacio vacío: durante ese ratito, estoy seguro que mi tío Carlos lo ocupó y me puso su brazo sobre mis hombros. Espacio que, antes y después fue ocupado (¡¡Oh, casualidad!!) por un nieto de uno de los hombres que fueron fusilados junto con él. Siempre he pensado que los muertos están muertos cuando los olvidamos. Que, aunque una persona fallezca, en las condiciones que sean, mientras les recordemos seguirán vivos.

Mi tío Carlos estuvo muerto muchas décadas, igual que mi tía Pilar, pero ahora, gracias a la Historia Familiar que estoy haciendo, estoy seguro que impulsado por tod@s ell@s, han vuelto a la vida y están con nosotr@s, sus descendientes, cuidándonos y protegiéndonos, y se han juntado no solamente a mis padres o mis tíos que yo conocía, si no a mis abuelos, bisabuelos, tatarabuelos…que vuelven a hacerse presentes entre nosotr@s, sus descendientes. Acaba el acto, felicito a los organizadores, y me voy.

Estoy satisfecho, pues creo que he hecho lo que tenía que hacer. Que la historia que investigo va a seguir adelante hasta lo último que se pueda. Se lo debo a quienes me antecedieron, y a quienes nos siguen, para sepamos tod@s de nuestros orígenes, y nos sintamos orgullosos de ellos. De que no somos una familia rica ni importante, pero siempre hemos sido una familia de gente honrada y decente, progresista, y que nunca se rindió ni siquiera en las peores circunstancias imaginables. Que recordemos que, aunque el Invierno sea largo, duro, frio, con nieve, con lluvia, con viento, con todas las inclemencias meteorológicas posibles e imaginables, se acaba, y llega la Primavera con su explosión de vida y color.

Enos Tomás Pastrana

Grupo LGTB PSM

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One thought on “EL MURO DE LA INFAMIA

  1. Saine says:

    Hola Tomás. Por pura casualidad o causalidad llegué a tu blog, me encantó tu historia y si es verdad, los muertos mueren cuando uno deja de recordarlos.

    Un abrazo,
    Saine Mary
    Colombia.

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