ESTAMOS TODOS EN CAMPAÑA.

Es oficial. La (pre)campaña electoral ha comenzado. 110 candidatos del Partido Socialista de Madrid acompañaron este domingo al próximo presidente de la Comunidad de Madrid, Tomás Gómez, en un abarrotado Teatro Buero Vallejo de Alcorcón. Al mismo tiempo, la lideresa, anuncia que regresa al trabajo, felizmente recuperada de su intervención quirúrgica exprés en un hospital público, sin haber entrado en la tormentosa lista de espera que caracteriza a la sanidad en Madrid. Mariano Rajoy, por su parte, firmaba junto al imputado Francisco Camps el enésimo código ético del Partido Popular en Baleares, la comunidad en la que más tramas corruptas ha sido capaz de organizar el partido de la gaviota.

 

Con el acto de Alcorcón comienza también una ardua tarea que nos afecta a los militantes y simpatizantes de base. Una tarea que no es fácil en las circunstancias actuales. El Partido Popular está sabiendo utilizar en su provecho una situación económica de la que, en España, los gobiernos presididos por José María Aznar son los mayores responsables, y que está caracterizada, sobre todo, por la burbuja inmobiliaria derivada de una lamentable Ley del Suelo que había convertido el país, hasta la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero, en un solar en el que cada metro cuadrado era urbanizable, fuera urbano, estuviera en la sierra o en la orilla del mar.

Como consecuencia, la marca PSOE no pasa por su mejor momento, aunque sean las políticas que suponen nuestras siglas las únicas que pueden, como ya se está haciendo, devolver a nuestro país a la senda del crecimiento y el desarrollo económico.

 

Y ahí entramos cada uno de nosotros. Nuestra presencia en los actos que organiza nuestro partido es esencial, pues que se visibilice nuestra unidad -que algunos creían resquebrajada tras los procesos de primarias, ya que hay quien no entiende la democracia en estado puro- es de la mayor importancia para un electorado que precisa de partidos fuertes y bien avenidos a los que confiarle su futuro. Pero no es suficiente. Tenemos que aprovechar cada oportunidad que se nos presente para convencer a nuestros compañeros de trabajo, a nuestros vecinos, a nuestros amigos y nuestros familiares de la importancia que tiene acudir a votar el 22 de mayo y hacerlo por los socialistas.

 

Todos sabemos que la abstención es nuestro peor enemigo. Ya lo he comentado otras veces: el partido de Aznar y Esperanza Aguirre (y de Rajoy) gana y pierde elecciones sin modificar el volumen de votos obtenidos. Con 10 millones de votos ganó con mayoría simple en 1996, con el mismo número de votos ganó por mayoría absoluta en 2000 y con los mismos 10 millones de votos perdió las elecciones en 2004 y 2008. Son resultados extrapolables a los ámbitos local y autonómico. La mayoría social de España es de izquierda, pero la desmovilización de nuestro electorado sitúa al Partido Popular al frente de multitud de ayuntamientos y regiones. No es el deseo de la mayoría, pero sí el resultado de un ‘no voto’ de castigo que los socialistas no merecemos. Suelo preguntar a mis amigos de derechas si son capaces de recordar una sola medida de los gobiernos populares que hayan supuesto un avance en derechos o prestaciones para

la ciudadanía, excluyendo la supresión del servicio militar obligatorio. No lo son. Nunca lo son. A lo sumo, alguno trata de aludir a una presunta bajada de impuestos que nunca existió realmente, pues los gobiernos populares aumentaron la presión fiscal en nuestro país a niveles insospechados. Por no hablar de la gestión de la transición de la peseta al euro, que debidamente articulada por la derecha, elevó los precios de las más básicas necesidades hasta un 66 % sin que prácticamente se notara, pero agrandando las diferencias sociales, medidas en términos de poder adquisitivo, de manera escandalosa. No ocurrió así con los sueldos.

 

No hay más que cruzar de un lado al otro de la M-40, en el caso de Madrid, para comprobar las diferencias en la gestión entre gobiernos progresistas y gobiernos conservadores (un eufemismo sarcástico, por cierto, pues si los populares hubiesen conservado las políticas que heredaron de la izquierda en Madrid esta región no estaría tan deteriorada como lo está). Servicios públicos de calidad, vivienda protegida, centros de salud, centros deportivos, programas de formación y orientación laboral, protección social y otras muchas señas de identidad que hacen de los municipios y comunidades gobernadas por la izquierda lugares en las que los ciudadanos son los beneficiarios de la gestión de lo público, con sus déficits y sus errores, que también los hay. Enfrente, comunidades autónomas como Madrid o Valencia, o municipios en los que a los alcaldes se les conoce por sus alias, como “el Albondiguilla”, donde los déficits no forman parte de error alguno, sino de un programa muy bien diseñado para afianzarse, mediante la gestión y desmantelamiento de “lo público”, dicho con cierto desdén, y para poner los más elementales servicios en manos de las empresas que, previo pago de suculentas comisiones con las que financiar la grotesca propaganda y la enorme red mediática de la derecha, se convierten en dueñas y albaceas de un estado del bienestar muerto a manos del programa neoliberal de gente como Esperanza Aguirre.

 

El 22 de Mayo es lo que nos jugamos. Es necesario que los votantes lo sepan. Y para que lo sepan no basta con que los militantes y simpatizantes de izquierda abarrotemos los locales en los que nuestros líderes lanzan estos mensajes. Tenemos que llevar uno a uno y puerta por puerta nuestro proyecto, el proyecto socialista. Sin miedo a debatir sobre nuestros errores, que los hemos tenido y de los que aprendemos cada día, pero, sobre todo, llenos de orgullo por nuestros aciertos, porque son estos los que han transformado España, y especialmente las comunidades y municipios en los que gobernamos, en mucho menos tiempo del que

necesitaron el resto de Europa y otros países para convertirse en el modelo de estados que el resto del mundo mira con envidia.

 

Salgamos a la calle y hagamos partícipes a nuestros conciudadanos del mensaje de cambio de Tomás Gómez y todos nuestros candidatos. Podemos y debemos hacerlo.

Estamos, todos, en campaña.

 

Pedro Echevarría

Grupo LGTB PSM

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